Cuándo fue que perdimos la fe

“Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia.
Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida”. Génesis 6:11

Este texto bíblico me fue compartido por un amigo francés cuando le hablé de la problemática política y social por la que atravesamos ahora y desde hace tanto tiempo en México.
“No nos asombra esto que sucede” -me dijo- “la tierra está llena de violencia y de corrupción”.

Es verdad, lo que sucede en nuestra ciudad, en nuestro país; feminicidios, secuestros, asesinatos, robos, violaciones, abuso de menores y todos esos actos a los que no puedo llamar “animales” porque los animales no se comportan de la misma manera, se reproduce alrededor del mundo y para muestra, acabamos de enterarnos de las atrocidades cometidas una vez más en Siria contra seres inocentes.

¿Qué sucede? Qué le ha sucedido al hombre, que ha perdido toda bondad, todo afecto natural, ¿No leemos acaso en los periódicos que se dan en nuestra sociedad los matricidios? ¿No matan los hijos a los padres y los padres a sus propios hijos? Encuentro estas palabras muy duras y me espanto de pensar que estas maldades emanan de la comunidad en donde hemos nacido y crecido.

Tomé un libro para leerlo despacio, sin prisa y sin necesidad, se trata de “Mi punto de vista” del filósofo danés Sören Kierkegaard. Sé muy poco de filosofía, pero atrajo mi atención su pensamiento cuando dice que “la cristiandad es una prodigiosa ilusión” y me permito transcribir la cita textual a continuación:

“Todo aquel con alguna capacidad de observación que considere seriamente lo que se llama Cristiandad, o las condiciones de un país llamado cristiano, sin duda se sentirá asaltado por profundas dudas. ¿Qué significa el que todos esos miles y miles se llamen a sí mismos cristianos como cosa corriente? ¡Esos hombres innumerables, cuya mayor parte, según es posible juzgar, vive en categorías completamente ajenas al Cristianismo! Cualquiera se puede convencer de ello por la más simple observación. ¡Gente que nunca entra en una iglesia, que nunca piensa en Dios, nunca menciona su nombre, excepto en los juramentos! ¡Gente a la que nunca se le ha ocurrido que puede tener alguna obligación hacia Dios, gente que, o bien considera ésta como máximo en la culpabilidad de transgredir la ley criminal, o que ni siquiera considera esto necesario! ¡Sin embargo, toda esa gente, incluso aquellos que aseguran que no hay Dios, es cristiana, se llama cristiana, es reconocida como cristiana por el Estado, es enterrada como cristiana por la Iglesia, queda como cristiana por la eternidad!
No hay duda de que en el fondo de todo esto debe de haber una tremenda confusión, una espantosa ilusión”. (Sarpe, 1985, pp. 49, 50).

Aproximadamente el 33% de los seres humanos de este tiempo ostentan su creencia en Jesucristo, pero los hechos dicen algo totalmente distinto, como bien lo expresa Kierkegaard.

Yo me pregunto ¿Cuándo fue que el Nombre de Dios fue ignorado por la humanidad? ¿Cuando fue que el tema de Dios en los recintos académicos, políticos, científicos, se desestimó por completo y se desechó como tema obsoleto? Paradójicamente los esfuerzos por mejorar la vida de la humanidad, sin tomar en cuenta las leyes eternas (me refiero a los mandamientos de Dios expresados en su Santa Palabra) que son las únicas que pueden mantener el equilibrio en una sociedad que tiende a corromperse, no la ha llevado sino al fracaso.

Y seguimos pensando que la posición de poder, la tecnología, el dinero, los títulos, y demás nos darán la plenitud, ¡qué equivocados estamos! No es suficiente con que nos llamemos católicos o evangélicos, cristianos, es menester dar muestra de que verdaderamente lo somos. “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” Hebreos 13:8, “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” Gálatas 6:7.

Los hombres “cristianos” se matan por muy poco, tienen en poco la vida. La sociedad “cristiana” pone los ojos en un hombre, como si este tuviera el remedio para tantos males. Lo vemos ahora mismo con las campañas políticas; como sociedad pensamos que alguno de ellos es el mejor para dirigir las vidas de esta nación, pero no es así, todos ellos hombres corruptos que buscan una posición de poder, han demostrado que nunca les ha importado el pobre, el desvalido. No por nada la Biblia dice en el libro de Jeremías 17:5: “Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Dios”.

Yo quisiera con todo mi corazón que volviéramos a tener fe, que volviéramos a considerar a Dios en nuestras vidas, que dejáramos de pensar que en la tierra dejará de haber violencia y corrupción por la inteligencia del hombre, e intentáramos creer que Dios es el único que puede sanar esta enfermedad de muerte, esta peste que nos destruye aceleradamente.

Si pudiéramos confiar en Dios y cada uno hiciéramos nuestra parte en obediencia, ¡qué delicia, que respeto, que paz¡ La Palabra de Dios es vigente, “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” Hebreos 4:12.

Y luego de hacerme la primer pregunta: ¿Cuándo fue que perdimos la fe? Mi ruego al Señor es el siguiente, tomando las palabras de Habacuc:

“Oh Jehová, he oído tu palabra y temí.
Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos,
En medio de los tiempos hazla conocer;
En la ira acuérdate de la misericordia” Habacuc 3:2

 

 

 

 

 

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Academia de policía

 

4 de abril de 2012.

El recinto estaba completamente ocupado. Las altas autoridades de gobierno se encontraban ahí en el atrio, los diferentes cuerpos policiacos estaban perfectamente alineados, la mirada al frente sin el mínimo signo de distracción, portaban el uniforme de lujo. La banda de guerra portaba sus instrumentos en manos enguantadas de un blanco penetrante, los metales recién pulidos, las baquetas listas para comenzar sus movimientos con matemática perfección. Los discursos comenzaron, los políticos investidos de autoridad fueron pasando. Los nombres de los jóvenes que habían terminado su academia de policía fueron pasando uno por uno para recibir su reconocimiento. Los rostros de sus familiares tenían una expresión de orgullo y temor al mismo tiempo, otros rostros tenían marcado el rictus del dolor. El himno, los aplausos, los redobles flotaban en el aire, así, como el tenue sonido de un lamento que fue en ascenso hasta que se tornó en un grito de angustia y frustración al escuchar los nombres de tantos y tantos hombres que vertieron hasta la última gota de su sangre en las calles de esta ciudad perdida. La herida es reciente, ahora mismo, en este instante, en este día, allá afuera, el número de bajas continúa sin pausa como el redoblar de los tambores.

Quiero ser presidente

De la serie “Mi Familia”
¡Cómo cambian las cosas! Cuando éramos chicos las cosas eran bien diferentes, a pesar de que en mi familia éramos muchos, y rete pobres, todos sabíamos lo que era el respeto y nos sabíamos comportar. Sabíamos, mis hermanos y yo, que a los mayores se les respetaba, qué capaz que le contestáramos a los mayores, no, así nos iba, nos jalaban las orejas, y ¡ay! del que nuestros padres lo volteara a ver con esos ojos, ya sabíamos lo que seguía cuando llegáramos a la casa, nos íbamos todos espichaditos y sin voltear a ver mas que al suelo.

Sabíamos que los maestros eran alguien a quien respetar y admirar, aunque no eran tan buenas gentes como los de ahora, no qué va, nos daban con una regla en las manos cuando no hacíamos la tarea o la hacíamos mal, “es para que aprendan bien las cosas” nos decían nuestros padres. Y ya, se acababa el problema. Éramos pobres, pero teníamos, ¿cómo se dice? Pues, educación, de esa que se aprende en la casa de uno.

Y qué decir del respeto a los símbolos patrios, nos cuadrábamos, era rete bonito. Siempre nos decían, hay que irse por la derecha para ser buenos mexicanos, ¡qué tiempos aquéllos!

Ah, pero si nos veían medio contestones y rebeldes nos decían: “ya se han de estar juntando con esos esquineros, malvivientes, ociosos que nomás están perdiendo el tiempo, viendo a ver que maldad hacen, ¡ándenle chamacos malcriados, métanse a la casa! “ Y ya no nos dejaban salir.

El otro día, uno de mis hermanitos, el de los más chicos le dijo a mi madre:

Oiga amá, quiero ser presidente. A lo que mi madre le contestó pegando un brinco de la silla
¡Ni lo mande santa Gertrudis de Pinos Altos¡ ¿Pos tú qué tienes? ¿Ves lo que sacas por ver tanto la televisión? Todavía ves la tempestad y no te hincas.
¿Por qué, amá?
Pues mira, el otro día, vi en la tele a uno medio encuerado montado en un caballo en el puro frillazo. Y luego, vi a otro, que disque quiere que triunfe la revolución y tiene un retrato grandotote de uno que ya se murió y lo tiene como a un santo, pero a él toda la gente lo detesta, oye, yo no quiero que te detesten.
¡Ay, amacita! Usted ni sabe nada, se la pasan a todo dar, pues ¿qué no los ha visto?
Pues yo no quiero que andes agarrando esos malos ejemplos. Ahí tienes a ese chino que manda matar a diestra y siniestra nomás porque creen que hablan mal de él.
No, amá no es chino, es coreano,
Ándale, pues ese. A ver… ah sí, ese otro que dice: “si ven un narco, mátenlo, no hay problema” Oye, hijo mío, pues ¿qué es eso?
Pues yo no sé, eso dice usted, yo lo veo todo normal.
Pues de veras que andas mal. Tendré que hablar con tu padre para que te explique como son las cosas, aunque… no sé, ya ves que contrata a gente que disque para que los eduque, pero no sabe ni ler. Presiento que si sigues con esa mala idea, te puede pasar lo que al otro.
¿A cuál?
Pues al que se le fueron las cabras al monte y gobierna a todos poniendo mensajitos. Ándale, así como lo hacen ustedes con sus mozalbetes amigos.

¡Cómo cambian las cosas! Pero qué le voy a hacer, esta es mi familia. Hoy a mi hermano se le ocurrió decir como a Benito Juárez: “quiero ser presidente”.

 

Un muro tiene dos caras

De la serie “Mi Familia”

Un muro tiene dos caras

Durante varios meses nuestro vecino nos estuvo insultando y amenazando: que si somos ladrones, que si andamos en malos negocios, que si nosotros vamos a su casa nomás a hacer cosas malas y que nos iba a echar a patadas de su casa y otros insultos peores. Estuvo hablando mal de nosotros así sin disimular, como si no nos diéramos cuenta de todo lo que decía. Ah, pos este, dije yo, ¿que trae con nosotros? Está loco, ni quién le haga caso. Pero si me calaba que nos desprestigiara con todo el mundo. Luego nos amenazó de que iba a levantar una barda bien alta, será pa que no lo veamos cuando se pasea en calzoncillos por el patio, pero luego dije: no pos si alguien le conoce los calzoncillos, esos somos nosotros, mi familia y yo. Los hijos son puros viciosos, además no creo que tenga tanto dinero como dice, pero como todo el mundo se lo cree éstos van y le dejan su dinero disque porque da buenos réditos, pero, ¿qué tal si todos le quitan al mismo tiempo su dinero? A lo mejor se queda en la calle y pos ni me imagino qué pase y pa como son de escandalosos capaz que se mueren de la pura vergüenza.

Yo me enojé un montón porque pos nunca habíamos tenido una pared entre nosotros, después de todo mis hermanos trabajan con ellos, no van a pedirles nada, ni a robarles, ellos trabajan, y bien duro. Ya quisiera mi vecino que sus hijos fueran así de trabajadores como nosotros. N’hombre, que va, esos cada vez andan más mal, capaz que si nos echan se mueren de que no saben hacer lo que nosotros hacemos.

Un día mi padre, dándosela de muy listo le dijo: vecino, venga a visitarnos pa echar la platicada. Sí le dijo el hombre, cómo no, y que viene. Oiga, le dijo mi padre, ¿cómo está eso de que quiere hacer una barda bien grandota? -Al menos eso nos dijo mi padre que le había dicho, porque nosotros ni oímos nada y no nos consta-. Oiga, le dijo mi padre, acuérdese que usted necesita de nosotros. Ah sí, le contestó, usted ni se preocupe vecino, “somos amigos”. Y al rato ya andaba diciéndoles a otros, muerto de la risa, que nosotros no lo sabíamos pero que también la íbamos a pagar por él. Ah, que coraje nos dio. Oiga papá, dijimos, ¿pos qué burradas anda usted haciendo? Mire cómo nos trata y usted hasta lo invita a nuestra casa a tomar cafecito y lo recibe rete bien, ¿pos qué tiene usted? Yo sabré nos dijo, mejor hay que llevarla bien con él.

Pues después de tantos meses de habladas y humillaciones, parece que llegó el día en que, según él tendrá que hacer la barda, y echar a mis hermanos a patadas. Todos los que se quedaron a vivir de aquel lado, (por el trabajo) andan ya lloriqueando y lloriqueando y de acá de nuestro lado también, llore y llore. Yo dije: ba, pos estos, pa qué tanto escándalo, “perro que ladra, no muerde”, además vamos viendo mejor las cosas: ¿qué tanto nos importa la famosa barda? Nos espantamos y ¿pa qué?, Si quiere hacer una, pues muy su gusto y su derecho, que la haga, a nosotros ¿qué? Qué si nosotros la vamos a pagar, pos ni que estuviéramos tontos, no, mas al contrario, somos bien listos y a lo mejor hasta nos conviene. Después de todo una barda tiene dos lados y a nosotros también nos va a servir y sin poner un cinco. Basta de lloriqueos, de tener miedo del viejo gritón y de humillarnos ante él.

En cuanto a mi padre, le voy a decir: pues ya es hora papá, de que usted cumpla con su obligación y defienda a mis hermanos y les de lo que necesitan para que no tengan que matarse por ir a recoger las sobras del vecino rico. Usted tiene la culpa de todo, por gastarse el dinero nomás en usted, sus amigos y sus amantes. Ya párele ¿no? Que si soy irrespetuoso, pos a lo mejor sí, pero el respeto no se exige, se gana y él, ya hace mucho que lo perdió.

Un muro tiene dos caras, a lo mejor no lo sabía, ¡pobrecito!

 

Donald Trump, generador de violencia

En los presentes días en que México y otros países se han olvidado por un momento de quejarse de sus malos gobiernos y de su situación económica, llega un nuevo tema del qué hablar. No importa cuánto conocemos de temas de política, de diplomacia, u otros temas reservados para la gente conocedora, todos emitimos una opinión y tratamos de aclarar la situación, de comprender los orígenes del malestar social que aqueja a los Estados Unidos y a todos aquellos que tienen relación con ellos.

Por mi parte, quisiera aportar un brevísimo análisis de la situación de discordia de que se habla, haciéndolo desde el enfoque teórico de René Girard, crítico literario, psicólogo, sociólogo entre otros.

René Girard plantea el tema de la violencia de una manera metafórica comparando la violencia con una epidemia. Tanto una como la otra contaminan hasta convertirse en una propagación.
¿Dónde se origina este mal? Esencialmente surge del deseo de tener, a cualquier precio, aquello que es ajeno y se encuentra fuera del alcance, deseo mimético, le llama Girard. Éste establece que:

“El hombre substancialmente es deseo, pero lo es de una manera peculiar; el deseo para formularse tiene que percibir la amenaza del otro. Somos constitutivamente seres miméticos, deseamos lo que otros desean y los otros desean lo que nosotros deseamos. El deseo es un drama existencial que se juega a tres bandas: nosotros, los otros y la cosa deseada, que no sería tal, si los otros no la deseasen también.
El deseo mimético constituye la gran tragedia de nuestra miseria en tanto que seres humanos, y ahí se halla la fuente de la violencia. Caín y Abel serían el ejemplo bíblico de la fuerza de ese deseo mimético que engendra el asesinato y la destrucción.
En la medida en que imitamos el modelo de nuestros deseos, deseamos también la misma cosa que el otro y esa rivalidad mimética se resuelve en lo fundamental con violencia, física o mental. El deseo instaura la violencia como ley.” ( Girard, et Vinolo 2007, Epistemologie du sacré. En vérité vous le dis.)

En el documental Sin censura realizado por National Geographic y al que estaré haciendo referencia, se puede apreciar en Donald Trump a un hombre que tiene una imagen superlativa de sí mismo. “Toda mi vida está llena de triunfos. No suelo perder. Casi nunca pierdo” Donald Trump. Amante del cine y deseoso de convertirse en una estrella. “Se imagina a sí mismo llevando el rodaje de una película producida por Trump, dirigida por Trump y escrita por Trump.” dice Timothy L. O. Brian en dicho documental.

Igualmente, Omarosa Manigault, participante del concurso El Aprendiz narra que durante sus clases de economía analizaron el libro de Trump El arte de la negociación donde repasa un día cualquiera en la vida de Donald Trump:

“Hablaba, de cómo destruir a la competencia. Donald Trump es la mente más brillante en cuanto a marketing, no tiene rival. Ya era muy famoso, pero se ha acabado convirtiendo en una estrella de rock. Se ha convertido en un icono cultural, creo que se ha vuelto adicto, cada vez quiere ser más famoso porque nunca es suficiente.”

Donald Trump proviene de una familia millonaria que tenía conexiones políticas muy importantes, sin embargo, se sentía fuera del ámbito de poder que dirigía Nueva York. El reverendo Al Sharpton, hombre cercano a Trump dice:

“Tengo la impresión que él se veía a sí mismo como un forastero, de veras lo creía, creía que no podía formar parte de lo que llamamos la casta de sangre azul que dirigía Nueva York, que se había colado en ese entorno y su dinero, su glamour y la fama de su nombre nunca le hizo sentir que formaba parte del gremio del mercado inmobiliario.”

Aunque ya desde ese tiempo se percibe en él cierto complejo por no poder acceder a algo que él quiere, no se sabe con exactitud desde cuándo albergó el deseo de ser presidente de los Estados Unidos, tal vez desde ese tiempo. Lo cierto es que en 2011 Trump comenzó a lanzar las primeras flechas de la envidia, como llama en ocasiones Girard al deseo mimético -cuando pone en tela de juicio la nacionalidad del presidente Obama, sin considerar que tendría de vuelta la respuesta a la agresión. Y estando Donald Trump presente en la cena de corresponsales de la Casa Blanca, el presidente toca el tema de su nacimiento con agudo sarcasmo al decir: “Voy a ir un paso más allá haciendo público el video de mi alumbramiento, proyectando la escena del Rey León mostrando a Simba a los animales que se se arrodillaban ante él. Pero fue un poco más allá al referirse a Donald Trump, exhibiéndolo ante los asistentes y presentando el aspecto que tendría la Casa Blanca si Trump llegara a ser presidente; llena de luces de neón, casinos, mujeres en traje de baño. Probablemente esa fuera la fecha en que Trump comenzó a pensar en serio, en convertirse en presidente de los Estados Unidos, quizá motivado por la humillación del momento y el resentimiento.

La historia nos habla, desde Adán, hasta nuestros días del deseo mimético que brota del hombre; mimético porque aspira verse reflejado en el otro, en el que posee el objeto deseado. René Girard sostiene que “el deseo imitativo genera por fuerza sus propios obstáculos vivos y considera su fracaso como una señal de la omnipotencia del modelo, en otras palabras de que ese modelo es el modelo perfecto” (Girard, Literatura, mímesis y antropología, 2007), surgiendo así una ambivalencia de admiración y rivalidad.

Aunque  existe una admiración hacia el otro, esta admiración se convierte en rivalidad entre las dos partes en disputa. Obviamente, en el caso de Obama y Trump, el primero poseía el objeto del deseo, el segundo se estaba preparando para la batalla. “Cada una de ellas cae presa de la misma megalomanía y se ve como el único superhombre”, establece Girard. Aquí tenemos un modelo y un rival con el espíritu del odio de dónde, obligadamente nacerá el conflicto. Es entonces que el deseo mimético será el causante de consecuencias desastrosas al establecerse la guerra surgiendo de esta manera la violencia.
Obama, al ser electo presidente presenta dos argumentos, uno de ellos es una reforma migratoria integral en la que se contempla cierto formato de legalización para los indocumentados y el segundo en cuanto a seguridad fronteriza. En este punto el presidente Obama no contempló la construcción de muros físicos.

Por su parte, Donald Trump arremete, en su campaña electoral atacando estos aspectos y los convierte en los dos principales pilares, pero inversamente, generando de esa manera una fuerte tensión entre ambos. Nos podemos también referir a los tratados comerciales que firmó Obama, como el TPP y el TLCAN que Donald Trump aborrece, el Obamacare, el racismo y otras muchas notables diferencias que hablan del discurso inverso de Trump. Así la violencia se hace recíproca, dominando, dice Girard, a los dos protagonistas.
Al llegar Trump a la presidencia, grado que representa el deseo mimético, desaparece la diferencia entre los dos rivales, es decir, ambos se pueden mirar a los ojos desde la misma altura, con el mismo poder y, es entonces que “la relación se hace violenta y estéril al hacerse más simétrica”. (Girard).

El periodista de CNN Jorge Ramos dice, respecto de Donald Trump: “El odio es contagioso” y no le falta razón. En muy poco tiempo la nación norteamericana se ha visto contagiada de violencia que el deseo mimético encubó en ellos. En sus calles hay, el día de hoy, expresiones violentas en todo sentido, agresiones verbales, físicas, racismo, rechazos que ostentan cada uno de los partidarios hacia los otros, etc.
“La violencia se propaga lo mismo que la plaga. La idea de contagio supone la presencia de algo nocivo que no pierde nada de su virulencia al transmitirse rápidamente de un individuo a otro. Así se comportan las bacterias en una epidemia. Y así se comporta la violencia cuando es imitada. En los casos masivos de contaminación las víctimas son impotentes, cualquier cosa que hagan resulta ineficaz o empeora la situación.” (Girard)
Lo que es realmente preocupante es que las grandes epidemias que han matado a millones de personas han sido posibles porque, al ser contagiaos, nadie tenía ya la facultad de ser de ayuda a los demás, de ninguna manera, y cualquier cosa que tocaran se infectaría. Así desaparecieron grandes poblaciones.

Es interesante esta metáfora que nos ayuda con la comprensión del fenómeno de violencia que podemos presenciar desde nuestros televisores y del que todo el mundo habla el día de hoy, en todos los lugares, en todos los idiomas. El único elemento común que podemos encontrar al analizar esta situación: es la violencia.

Según la teoría del francés Girard, cuando la epidemia ha tocado a todos, no hay nada qué hacer, todos están ya contagiados. Y es aquí en dónde nos damos cuenta cuán soberbia es la humanidad y qué imposible le es a todo hombre controlar la peste destructora del odio. Dios ayude al hombre a aprender a vivir en armonía los unos y los otros.

“¡Los voy a bombardear de lo lindo!”
Donald Trump en el documental de National Geographic.

El vuelo del colibrí

Un cordial saludo a quienes me leen.

Soy mexicana, esposa, madre y abuela. Inquieta de pensamiento, me gusta el estudio  e inquirir sobre los asuntos que rigen nuestras vidas.
Comparo a la literatura con un colibrí, de ahí el nombre de mi blog. La diminuta ave recoge sus mieles de las flores con gran esfuerzo aunque no recorre grandes distancias. De igual manera quienes hacen literatura toman de su entorno, no sin gran esfuerzo, y lo transforman en arte. El colibrí es arte de Dios, es una maravilla verlo aletear aceleradamente en torno a las flores, nos aporta experiencias estéticas tal como lo hace el arte.
A partir de aquí inicio la aventura del vuelo del colibrí, esperando que para algunos sea grata mi escritura, que es para ustedes.